8.10.09
3.10.09
2.9.09
El ciborg melancólico
Melancolía es una palabra que sólo pronunciar te pone melancólico. Roberto Matta me dijo que se debía a la nostalgia del hombre por el universo; Biruté Galdikas, que no era exclusiva del hombre, que los orangutanes también la sienten. Ahora Fernando Broncano me explica que es propia del nuevo ser en el que nos hemos convertido: un simio con prótesis culturales y técnicas, un ciborg que sufre melancolía fruto del desarraigo: siente nostalgia de un mundo natural al que no puede volver. El camino es siempre hacia delante y la herramienta para sacudirse la melancolía es la imaginación, imaginar que otro mundo es posible: de eso nos habla en La melancolía del ciborg.
¿Y dice usted que somos ciborgs?
Sí. Hemos transformado nuestra propia naturaleza transformando el mundo en el que vivimos. El resultado es un ser construido por prótesis.
¿Prótesis?
El lenguaje, la vivienda, el calzado, las ciudades, las imágenes o los relatos son cosas anexas que hemos creado y asumido.
¿Somos un producto artificial?
Sí, es como si nos hubiéramos levantado por los pelos, nos hemos elevado de la naturaleza. Fíjese en mí.
… No le veo nada raro.
Mis gafas son una prótesis, pero no las siento, son parte de mi cuerpo; y eso ocurre con todas nuestras formas culturales, desde el lenguaje hasta la arquitectura; pero lo que me interesa no es el objeto en sí, sino lo que hace el objeto con nosotros.
¿Qué hace?
Nos hace vivir en un estrato que no es ni el real ni el imaginario, sino algo que está en medio, y de ahí nuestra melancolía.
¿Somos ciborgs melancólicos?
Sí, nos pasamos la vida soñando con un mundo que ya no existe: lo natural. De hecho, las paredes que pretenden ser rústicas tienen más tecnología que las de ladrillo. Al ciborg se le ha arrancado de la naturaleza, ya no puede volver a ella, sólo puede vivirla a través de los documentales o del turismo. Su melancolía es fruto del desarraigo.
Me está entrando una angustia…
Una de las enfermedades más graves que padecemos es la incapacidad de pensar mundos posibles distintos.
Si no podemos volver a nuestra esencia, ¿adónde apuntar?
El ciborg está en la frontera, un lugar de mezcla, de hibridación, de pioneros, en el que sólo existe la posibilidad de ir hacia el futuro imaginándolo y haciendo que el futuro se acople a esa imaginación.
Seremos protésicos, pero no parece que moralmente hayamos evolucionado…
La moral tiene mucho que ver con cómo queremos que sea el mundo, y la tecnología, con cómo podemos hacer ese mundo.
Lo que podemos hacer acaba convirtiéndose en lo que queremos hacer.
Esa teoría - si la flecha está en el arco, tiene que salir disparada-es mentira. Si hay alguna evolución positiva moral es porque decimos: esto no lo queremos. ¿Sabe lo que pasa?
¿Qué pasa?
A la tecnología la miramos con miedo o con deseo, pero sin distancia crítica: hay que observar qué están haciendo con nosotros.
¿Y qué están haciendo con nosotros?
Cambiándonos. Internet nos crea espacios y tiempos completamente nuevos.
Esos artefactos nos facilitan la vida.
Eso es lo de menos. El mundo del consumo en el que vivimos es sobre todo simbólico, ponemos en los artefactos las etiquetas del estatus.
Pero ha habido sociedades que vivían con lo que la naturaleza les ofrecía.
El del buen salvaje feliz es un mito de las sociedades avanzadas, es parte de la melancolía del ciborg y un invento de los ricos, como el del pobre feliz.
Entonces, ¿nuestras prótesis culturales no nos hacen más felices?
Nos permiten hacer cosas que sin ellas no podríamos hacer, pero lo que da la felicidad es hacer lo que decides, ganarte tu propio futuro, el que has imaginado.
La necesidad de naturaleza es real.
Hay dos maneras de concebir la naturaleza, una es como aquel lugar en el que está nuestro destino, que es la de las sociedades primitivas; y la otra es como un parque natural. Y creo que ese es el futuro de la Tierra: concebirla como un parque natural que decidimos preservar, porque un paisaje necesita mucha tecnología para seguir siéndolo. ¿Pero cuál es el problema?
¿?
Aceptar la tecnología sin cuestionarla. ¿Por qué tenemos que aceptar el DDT? Hay un déficit de imaginación cuando no se pueden ver tecnologías alternativas.
¿Cómo corregirlo?
El primer paso, el más difícil, es empezar a pensar que las cosas podrían ser distintas. Pensar el mundo bajo condiciones de creatividad y node sometimiento a una vía única.
Al final, no sé qué somos...
La pregunta no es qué somos, que es una pregunta incontestable, sino qué queremos ser. Eso es lo que te permite distanciarte.
¿Y?
Yo diría que el ser humano es una especie que huye, una especie migrante que tiene que emplear la imaginación del pionero.
A usted no le va Itaca.
Me parece un autoengaño: cuando llegas, Penélope no te reconoce. No hay vuelta atrás, si se vuelve es a un pasado imaginado, que es lo que siempre andamos haciendo.
Pero los momentos de esplendor de casi todos son junto a la naturaleza.
Eso es la melancolía. Pensar en la figura de la naturaleza como en lo que hemos perdido tiene que ver con un deseo de tener otra vida, pero le ponemos el nombre de un paisaje. ¿Y cómo acaba eso?
Me temo que en tragedia.
La gente acaba comprándose su segunda residencia en la playa y destrozando la costa. Cuando hablo de tecnología, el objeto prototípico es la ciudad. Pensar en un mundo tecnológicamente distinto es pensar en una ciudad distinta integrada en la naturaleza.
Sí. Hemos transformado nuestra propia naturaleza transformando el mundo en el que vivimos. El resultado es un ser construido por prótesis.
¿Prótesis?
El lenguaje, la vivienda, el calzado, las ciudades, las imágenes o los relatos son cosas anexas que hemos creado y asumido.
¿Somos un producto artificial?
Sí, es como si nos hubiéramos levantado por los pelos, nos hemos elevado de la naturaleza. Fíjese en mí.
… No le veo nada raro.
Mis gafas son una prótesis, pero no las siento, son parte de mi cuerpo; y eso ocurre con todas nuestras formas culturales, desde el lenguaje hasta la arquitectura; pero lo que me interesa no es el objeto en sí, sino lo que hace el objeto con nosotros.
¿Qué hace?
Nos hace vivir en un estrato que no es ni el real ni el imaginario, sino algo que está en medio, y de ahí nuestra melancolía.
¿Somos ciborgs melancólicos?
Sí, nos pasamos la vida soñando con un mundo que ya no existe: lo natural. De hecho, las paredes que pretenden ser rústicas tienen más tecnología que las de ladrillo. Al ciborg se le ha arrancado de la naturaleza, ya no puede volver a ella, sólo puede vivirla a través de los documentales o del turismo. Su melancolía es fruto del desarraigo.
Me está entrando una angustia…
Una de las enfermedades más graves que padecemos es la incapacidad de pensar mundos posibles distintos.
Si no podemos volver a nuestra esencia, ¿adónde apuntar?
El ciborg está en la frontera, un lugar de mezcla, de hibridación, de pioneros, en el que sólo existe la posibilidad de ir hacia el futuro imaginándolo y haciendo que el futuro se acople a esa imaginación.
Seremos protésicos, pero no parece que moralmente hayamos evolucionado…
La moral tiene mucho que ver con cómo queremos que sea el mundo, y la tecnología, con cómo podemos hacer ese mundo.
Lo que podemos hacer acaba convirtiéndose en lo que queremos hacer.
Esa teoría - si la flecha está en el arco, tiene que salir disparada-es mentira. Si hay alguna evolución positiva moral es porque decimos: esto no lo queremos. ¿Sabe lo que pasa?
¿Qué pasa?
A la tecnología la miramos con miedo o con deseo, pero sin distancia crítica: hay que observar qué están haciendo con nosotros.
¿Y qué están haciendo con nosotros?
Cambiándonos. Internet nos crea espacios y tiempos completamente nuevos.
Esos artefactos nos facilitan la vida.
Eso es lo de menos. El mundo del consumo en el que vivimos es sobre todo simbólico, ponemos en los artefactos las etiquetas del estatus.
Pero ha habido sociedades que vivían con lo que la naturaleza les ofrecía.
El del buen salvaje feliz es un mito de las sociedades avanzadas, es parte de la melancolía del ciborg y un invento de los ricos, como el del pobre feliz.
Entonces, ¿nuestras prótesis culturales no nos hacen más felices?
Nos permiten hacer cosas que sin ellas no podríamos hacer, pero lo que da la felicidad es hacer lo que decides, ganarte tu propio futuro, el que has imaginado.
La necesidad de naturaleza es real.
Hay dos maneras de concebir la naturaleza, una es como aquel lugar en el que está nuestro destino, que es la de las sociedades primitivas; y la otra es como un parque natural. Y creo que ese es el futuro de la Tierra: concebirla como un parque natural que decidimos preservar, porque un paisaje necesita mucha tecnología para seguir siéndolo. ¿Pero cuál es el problema?
¿?
Aceptar la tecnología sin cuestionarla. ¿Por qué tenemos que aceptar el DDT? Hay un déficit de imaginación cuando no se pueden ver tecnologías alternativas.
¿Cómo corregirlo?
El primer paso, el más difícil, es empezar a pensar que las cosas podrían ser distintas. Pensar el mundo bajo condiciones de creatividad y node sometimiento a una vía única.
Al final, no sé qué somos...
La pregunta no es qué somos, que es una pregunta incontestable, sino qué queremos ser. Eso es lo que te permite distanciarte.
¿Y?
Yo diría que el ser humano es una especie que huye, una especie migrante que tiene que emplear la imaginación del pionero.
A usted no le va Itaca.
Me parece un autoengaño: cuando llegas, Penélope no te reconoce. No hay vuelta atrás, si se vuelve es a un pasado imaginado, que es lo que siempre andamos haciendo.
Pero los momentos de esplendor de casi todos son junto a la naturaleza.
Eso es la melancolía. Pensar en la figura de la naturaleza como en lo que hemos perdido tiene que ver con un deseo de tener otra vida, pero le ponemos el nombre de un paisaje. ¿Y cómo acaba eso?
Me temo que en tragedia.
La gente acaba comprándose su segunda residencia en la playa y destrozando la costa. Cuando hablo de tecnología, el objeto prototípico es la ciudad. Pensar en un mundo tecnológicamente distinto es pensar en una ciudad distinta integrada en la naturaleza.
Fernando Broncano, relaciones entre ciencia, técnica y cultura
IMA SANCHÍS - 02/09/2009
IMA SANCHÍS - 02/09/2009
5.8.09
...el futuro es contra nosotros mismos...
¿Urbiótica?
Desarrollo de tecnologías para la ciudad.
Pero ese término…
Lo he acuñado yo. La domótica es la tecnología para el hogar y la urbiótica para la ciudad.
También ha creado el premio al fiasco.
Sí Fiasco Awards, unos premios que creamos hace un año con un grupo de amigos para mirar desde otro punto de vista ese discurso tan actual sobre la necesidad de innovar y de ser emprendedor.
Es que lo políticamente correcto acaba por cansar…
En el momento en que vivimos es necesario innovar y ser emprendedor porque el mundo va muy rápido, pero hay una parte del discurso que no se dice.
Dígamelo usted.
La mayoría de las veces cuando innovas y eres emprendedor las cosas no salen bien.
La cruda realidad.
Hay que aprender a aceptar que habitualmente los proyectos acaban en fiasco, y para favorecer el espíritu del no desánimo, de que hay que aprender de los errores y entender que el fracaso forma parte del camino hacia el éxito, creamos los premios Fiasco.
¿Y qué premian?
Los mejores proyectos en el ámbito de la tecnología que a pesar de ser una buena idea, de haber invertido en ellos tiempo, dinero e ilusión, han acabado en fiasco. La difusión de estos premios y lo rápido que se han extendido a nivel internacional a través de la red han superado las expectativas.
¿Practica usted la crítica positiva en este mundo volcado en la sociedad del conocimiento?
Circulamos por unos carriles circunscritos a una serie de discursos y de puntos de vista de los que resulta difícil salirse.
Para mantener una postura crítica hace falta conocimiento.
... Exacto, por eso resulta difícil poner bajo una mirada crítica todo lo que nos rodea, pero yo intuía que vivimos en un momento interesante.
A todo ser humano le parece interesante su momento.
Efectivamente: si lees a Ortega y Gasset, él también creía que vivía en un momento superinteresante, como tantos otros.
Quizá el interés esté en la mirada.
Yo intenté establecer una métrica para esclarecer qué momentos son especialmente interesantes. Parto de una visión materialista del ser humano; eso significa que el ser humano tiene una inteligencia que se manifiesta en su capacidad para manipular su entorno y su capacidad para comunicarse, que, al final, es lo que sustenta la cultura.
¿Comunicación es igual a evolución?
Así es, y la capacidad de comunicarnos se modifica en muy pocas ocasiones y lo reflejamos en nuestra división de la historia: cuando el ser humano se extendió desde África,el factor relevante fue la aparición del lenguaje, y la historia se inicia con la aparición de la escritura, y la edad moderna con la imprenta.
Hoy nace la comunicación en red.
Sí, y esto es lo que convierte nuestro momento en especial. Hemos pasado de una comunicación de uno con uno, o de uno con muchos (la escritura), a todos con todos.
¿Eso nos transforma?
Radicalmente, toda la estructura productiva actual, los sistemas financieros, se sustentan en esa capacidad de comunicación.
¿Y ese cambio en la comunicación nos aboca a la sociedad del conocimiento?
La idea es que para generar actividad económica se necesita conocimiento, y eso está claro, pero al mismo tiempo el discurso nos dice que gracias a las nuevas herramientas de comunicación los individuos nos encaminamos a un futuro en el que todos seremos más sabios, y por tanto más felices.
La información no es sabiduría.
Yo creo que las nuevas herramientas nos pueden llevar a la sociedad de la ignorancia. Cuando apareció la televisión ya se pensó que sería una buena herramienta para conocer, reflexionar, elaborar y llegar a conclusiones personales. Pero la realidad es que la televisión se ha convertido en una mera herramienta de entretenimiento.
¿Con internet pasa lo mismo?
Este mundo complejo que estamos creando produce cada vez más información que no podemos absorber. Y las propiedades del propio medio de comunicación favorecen la dispersión y la hipersociabilización.
Mucho y muy superficial.
Diviso tres riesgos: uno, que la sociedad se divida en capas en función de la capacidad de utilizar estas nuevas herramientas; dos, ¿seremos capaces de afrontar colectivamente los retos que como individuos no alcanzamos a comprender?, y tres: que cambie nuestro concepto de individuo.
¿Por qué?
Hasta ahora el individuo ha sido el poseedor del conocimiento. Pero si el conocimiento está en una corporación, el individuo pierde importancia y aparecen los fascismos, comunismos, etcétera.
¿Esas ideas han desembocado en la asociación Pro The Second Modern Times?
Así llamamos a este nuevo periodo histórico que iniciamos, y sí, hemos creado una plataforma para reflexionar , interactuar con la sociedad y crear proyectos. El futuro ya no es contra algo, no tenemos que guerrear contra la naturaleza, el futuro es contra nosotros mismos y está en nuestras manos.
Desarrollo de tecnologías para la ciudad.
Pero ese término…
Lo he acuñado yo. La domótica es la tecnología para el hogar y la urbiótica para la ciudad.
También ha creado el premio al fiasco.
Sí Fiasco Awards, unos premios que creamos hace un año con un grupo de amigos para mirar desde otro punto de vista ese discurso tan actual sobre la necesidad de innovar y de ser emprendedor.
Es que lo políticamente correcto acaba por cansar…
En el momento en que vivimos es necesario innovar y ser emprendedor porque el mundo va muy rápido, pero hay una parte del discurso que no se dice.
Dígamelo usted.
La mayoría de las veces cuando innovas y eres emprendedor las cosas no salen bien.
La cruda realidad.
Hay que aprender a aceptar que habitualmente los proyectos acaban en fiasco, y para favorecer el espíritu del no desánimo, de que hay que aprender de los errores y entender que el fracaso forma parte del camino hacia el éxito, creamos los premios Fiasco.
¿Y qué premian?
Los mejores proyectos en el ámbito de la tecnología que a pesar de ser una buena idea, de haber invertido en ellos tiempo, dinero e ilusión, han acabado en fiasco. La difusión de estos premios y lo rápido que se han extendido a nivel internacional a través de la red han superado las expectativas.
¿Practica usted la crítica positiva en este mundo volcado en la sociedad del conocimiento?
Circulamos por unos carriles circunscritos a una serie de discursos y de puntos de vista de los que resulta difícil salirse.
Para mantener una postura crítica hace falta conocimiento.
... Exacto, por eso resulta difícil poner bajo una mirada crítica todo lo que nos rodea, pero yo intuía que vivimos en un momento interesante.
A todo ser humano le parece interesante su momento.
Efectivamente: si lees a Ortega y Gasset, él también creía que vivía en un momento superinteresante, como tantos otros.
Quizá el interés esté en la mirada.
Yo intenté establecer una métrica para esclarecer qué momentos son especialmente interesantes. Parto de una visión materialista del ser humano; eso significa que el ser humano tiene una inteligencia que se manifiesta en su capacidad para manipular su entorno y su capacidad para comunicarse, que, al final, es lo que sustenta la cultura.
¿Comunicación es igual a evolución?
Así es, y la capacidad de comunicarnos se modifica en muy pocas ocasiones y lo reflejamos en nuestra división de la historia: cuando el ser humano se extendió desde África,el factor relevante fue la aparición del lenguaje, y la historia se inicia con la aparición de la escritura, y la edad moderna con la imprenta.
Hoy nace la comunicación en red.
Sí, y esto es lo que convierte nuestro momento en especial. Hemos pasado de una comunicación de uno con uno, o de uno con muchos (la escritura), a todos con todos.
¿Eso nos transforma?
Radicalmente, toda la estructura productiva actual, los sistemas financieros, se sustentan en esa capacidad de comunicación.
¿Y ese cambio en la comunicación nos aboca a la sociedad del conocimiento?
La idea es que para generar actividad económica se necesita conocimiento, y eso está claro, pero al mismo tiempo el discurso nos dice que gracias a las nuevas herramientas de comunicación los individuos nos encaminamos a un futuro en el que todos seremos más sabios, y por tanto más felices.
La información no es sabiduría.
Yo creo que las nuevas herramientas nos pueden llevar a la sociedad de la ignorancia. Cuando apareció la televisión ya se pensó que sería una buena herramienta para conocer, reflexionar, elaborar y llegar a conclusiones personales. Pero la realidad es que la televisión se ha convertido en una mera herramienta de entretenimiento.
¿Con internet pasa lo mismo?
Este mundo complejo que estamos creando produce cada vez más información que no podemos absorber. Y las propiedades del propio medio de comunicación favorecen la dispersión y la hipersociabilización.
Mucho y muy superficial.
Diviso tres riesgos: uno, que la sociedad se divida en capas en función de la capacidad de utilizar estas nuevas herramientas; dos, ¿seremos capaces de afrontar colectivamente los retos que como individuos no alcanzamos a comprender?, y tres: que cambie nuestro concepto de individuo.
¿Por qué?
Hasta ahora el individuo ha sido el poseedor del conocimiento. Pero si el conocimiento está en una corporación, el individuo pierde importancia y aparecen los fascismos, comunismos, etcétera.
¿Esas ideas han desembocado en la asociación Pro The Second Modern Times?
Así llamamos a este nuevo periodo histórico que iniciamos, y sí, hemos creado una plataforma para reflexionar , interactuar con la sociedad y crear proyectos. El futuro ya no es contra algo, no tenemos que guerrear contra la naturaleza, el futuro es contra nosotros mismos y está en nuestras manos.
Antoni Brey, ingeniero de telecomunicaciones
IMA SANCHÍS - 04/08/2009
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